Fiel a su tradición anual, esta refresquera presentó para 2020 otro conmovedor comercial navideño

Guillermo Todd

Cada año, Coca-Cola le receta al mundo uno más de sus ya tradicionales comerciales navideños en los que vemos cómo la marca usa su músculo creativo y financiero para vendernos una imagen idealizada de las fiestas de fin de año.

A pesar de todos los problemas que 2020 trajo consigo, la empresa internacional logró producir otro conmovedor comercial en la que vemos a un padre que hace todo lo posible por entregar la carta de su pequeña hija.

La mayor parte de la narrativa se desarrolla cerca de uno de esos camiones repartidores de Coca-Cola, que la empresa decora con luces cada año para celebrar las fiestas decembrinas, así como productos relacionados a la compañía.

El protagonista de este cortometraje comercial incluso corre el riesgo de perder la vida, hasta que llega al Polo Norte, donde supuestamente vive Santa Claus, solo para descubrir que su casa “está cerrada por Navidad”.

Abandonado a su suerte, el padre se resigna a esperar a que la muerte se lo lleve, hasta que un camión repartidor de Coca-Cola, en toda su gloria navideña, pasa por él (demostrándonos que estas bebidas se distribuyen a todos lados, sin importar lo aislado que se encuentre un lugar), y salvarle la vida.

Por su hechura, mensaje y tradición, este tipo de comerciales son de los más esperados cada año, porque tal vez 2020 haya sido horrendo y los meses que nos depara el futuro sean todavía peores, pero si algo tendrán las navidades del mundo postmoderno, es un buen comercial de Coca-Cola que nos levante el espíritu a finales del año.

Sin embargo, nada podrá equipararse al placer que los viejos comerciales que la empresa lanzó hasta hace unos cuantos años, en los que los osos polares virtuales jugaban con la bebida entre el permafrost de la Antártida (o el Polo Norte o el Sur), nos regalaban.