Una empresa ajena a Apple venderá iPhone 12 decorado con una macabra reliquia

Guillermo Todd

Apple es una empresa capaz de dividir a un público que realmente no tendría razones de sentir aversión a los productos de la competencia y mucho menos sentirse parte de una especie de culto que exige lealtad casi ciega a todo lo que esté relacionado con su identidad corporativa.

Parte de esta atracción viene del cofundador de la empresa, que tras su regreso a Apple como su CEO y principal evangelizador de su renovada imagen a finales de los noventa, se dedicó a crear un culto alrededor de productos como la iMac, el iPod, iTunes y posteriormente, el iPhone.

Incluso a casi una década del fallecimiento de Jobs, existen personas que continúan relacionando a la empresa de Cupertino con su figura y por eso, estarían dispuestos a gastar 6 mil dólares o cinco veces más de lo que cuesta normalmente un iPhone 12, el smartphone de Apple más reciente a la fecha.

Lo que vende Caviar, empresa rusa dedicada a los productos de lujo, no es otra cosa que el smartphone que cualquiera conseguiría en una tienda Apple, decorado con un pedazo de uno de los suéteres negros con cuello de tortuga que el llamado “gurú de la tecnología” usó de manera casi religiosa en sus apariciones públicas.

Como si de las reliquias de un santo católico se tratara, la marca Caviar incluso vende un par de tenis New Balance del mismo modelo que Jobs usaba junto a sus jeans gastados sin cinturón.

El iPhone 12, el relicario y la carcasa de titanio que lo contiene, se vende entres versiones: negro, blanco cubierto con esmalte de joyería y una versión de lujo en la que la manzana, logo de Apple por décadas, viene en oro de 18 quilates.

De acuerdo con Código Espagueti, cada uno de los modelos está limitado a 10 piezas, con opciones para el iPhone 12 Pro y 12 Pro Max, con precios que van de los casi 6,500 a los 8,900 dólares, aproximadamente.

Este producto no es para los techies o fanáticos de la tecnología, sino para los que han encumbrado la figura de Steve Jobs como su particular ídolo al cual, probablemente, le rinden pleitesía.

 

Este ejemplo de culto casi religioso hacia una figura corporativa no se suele ver en el mundo empresarial, porque no vemos el mismo fervor por figuras como Gates o los fundadores de empresas igual de influyentes en la cultura popular como Adidas, Puma o Starbucks.