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Burger King premia a los habitantes del Bronx por “soportar a la gente que baila en las escaleras del Joker”

Guillermo Todd

Desde que se estrenó la película de “Joker” en cines, una escena icónica atrajo a un peculiar grupo de turistas a unas escaleras del distrito neoyorquino del Bronx que hasta entonces, habían sido ignoradas.

Se trata de unas empinadas escaleras que conectan las avenidas de Shakespeare y Anderson, cerca de la calle 167 West, en los alrededores de la estación del Metro “167th St.”.

El creciente flujo de visitantes a la locación donde el personaje interpretado por Joaquin Phoenix baila al son del tema Rock and Roll Part 2 firmado por el artista Gary Glitter, ha molestado a algunos residentes que se sienten incómodos al ver invadido un paso que ellos usan todos los días para llegar a sus trabajos y hogares.

Al ser el Joker un payaso, David Miami, la agencia de comunicación de la cadena de comida rápida Burger King, decidió premiar a los residentes molestos por la gran cantidad de turistas que acuden al lugar para hacer el baile del protagonista de la película, por “tolerar a otro payaso molesto”.

El comentario es, en sí, una ácida referencia a la competencia de Burger King, McDonald’s, cuya mascota oficial es el payaso Ronald McDonald.

El slogan de la campaña, “Querido Bronx, sabemos que los payasos pueden ser molestos”, lo dice todo y por ello Burger King premiará a la gente de este borough de la ciudad de Nueva York, conocido por ser peligroso y por el Estadio sede del equipo de béisbol de Los Yankees, con una hamburguesa Whooper entregada a través de Uber Eats al usar el código “Kingstairs”.

Quienquiera que viva en el Bronx podar hacerse de una hamburguesa con queso cortesía del Rey, la mascota oficial de Burger King.

Esta pieza de publicidad se salta las barreras de la simple competencia entre marcas y se sube al tren del cine durante una coyuntura importante, la nominación de la película en los Globos de Oro 2020 y su posible victoria en la noche de los premios Oscar de La Academia.

Este es un ejemplo de una pieza de publicidad bien hecha que se monta sobre una temporalidad vigente y aprovecha la fama (o infamia) de un personaje de la cultura popular.